viernes, 20 de noviembre de 2009

¿DOJO O GIMNASIO?

¿Tú vas al Gimnasio o al Dojo?



Actualmente debido a la "modernización" de las Artes Marciales, existe cierta confusión con los términos Dojo y Gimnasio, llegando incluso a equipararlos como sinónimos, esto realmente no es así. Se suele escuchar: -." Voy al gimnasio, hoy tengo clase de Karate"







SENSEI OYAMA


La palabra DOJO de origen japonés que literalmente significa "Lugar del camino, lugar de la vía", refiriéndose particularmente a un lugar especifico para la practica y enseñanza de las Artes Marciales. Por lo que la característica básica del DOJO es la de ser un lugar de desarrollo vital, donde se forja la vía (clásica metáfora de vida), de cada Artista Marcial. El Dojo tradicional como espacio físico ha de transmitir toda una serie de valores trascendentales, pues es el medio ambiente dentro del cual se cultiva lo más importante que posee el hombre: su espíritu. Así los Dojos tradicionales siempre han cuidado con especial delicadeza y exquisitez su estética y ambientación: colores suaves y armoniosos, formas sencillas y austeras, materiales naturales, elementos decorativos simbólicos, dibujos tradicionales y cuadros de míticos maestros (SENSEIS). Se respira paz, quietud, armonía, en cierto sentido la razón de ser de estos especiales lugares no se reduce al simple desarrollo físico del budoka , por lo que no son meras instalaciones funcionales; sino más bien están construidos para albergar y potenciar un desarrollo mental y espiritual, que da formación completa al individuo, donde un Sensei le preparará para afrontar las situaciones de la vida cotidiana aplicando los conocimientos filosóficos y marciales, haciendo hincapié de la paz y tranquilidad como un status de vida, resumiendo el Dojo es un lugar especial donde se forja el carácter de una persona que vivirá el sendero del Tao del Do, el cual no debe compararse con un GIMNASIO, es una voz de origen derivada de la palabra "gumnasion" (cuya raíz "gumnos" significa desnudo), y designa el lugar donde los atletas olímpicos griegos se entrenaban desnudos para, según se cuenta, evitar la presencia de mujeres disfrazadas, pues a éstas les estaban prohibidos los deportes olímpicos. Por lo que la palabra GIMNASIO indica sencillamente el lugar de entrenamiento deportivo,








DOJO


careciendo por completo del misticismo que cubre al Dojo. Esta pequeña explicación etimológica resulta útil para introducir la diferencia entre ambos conceptos.

Lamentablemente hoy en día existe una confusión en cuanto a entender el Concepto Dojo equiparándolo con el Concepto Gimnasio, Pero para el real Artista Marcial es claro que el Dojo es algo más significativo y espiritual, es casi como un santuario, a diferencia de un gimnasio en el cual el objetivo principal del deportista es la cultura netamente física, dejando de lado el misticismo y espiritualidad que prevalece en un Dojo. Los cambios y la modernización, la transformación occidentalizada de ciertas Artes Marciales, como Deportes Olímpicos, han favorecido crecimiento de practicantes, de igual manera el de la confusión, aunque podemos decir que tiene su lado positivo ésta expansión global de las Artes Marciales; que han perdido cierta esencia de raíz, de origen, es innegable, más es comprensible, la mentalidad occidental difiere de la oriental, como el agua y el aceite, en occidente la mayor de las veces se prefiere ver el dedo que señala a la luna, que a la luna misma, se prefiere ser la roca en lugar de ser el agua, o se prefiere ser la tierra en lugar del viento. Además con la introducción de los sistemas modernos de combate de contacto, o lo que se llama Artes Marciales Mixtas se ha permito más aún la confusión, en mi muy particular punto de vista, éstas no deberían considerarse Artes Marciales, sino deportes de contacto pleno. El oriental siempre es regido por el código del Bushido, por la búsqueda constante del auto dominio, por la preservación del tradicionalismo heredado por grandes Senseis como Kanrio Higaonna, Gichin Funakoshi, Chojun Miyagi, Mas. Oyama, entre otros, quienes vivieron dando testimonio del DO, y el legado que han heredado es prueba irrefutable que fueron hombres Tao.

Las Artes Marciales como deporte de Contacto





Por todo esto amigo Artista Marcial ¿ya has descubierto si asistes al Dojo o al Gimnasio?

jueves, 19 de noviembre de 2009

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

FILOSOFÍA



LAS APARIENCIAS ENGAÑAN


"Cuando Muchyo alcanzó la adolescencia era un muchacho fornido e impetuoso. Su familia no era precisamente pobre, pues regentaban una próspera tienda textil en la ciudad costera de Fukitosu. Pero Muchyo creció en los barrios del puerto, entre bandas juveniles; se pasaba el día enredado en gamberradas y altercados".









La familia de Muchyo ya estaba desesperada, ni los consejos, ni las reprimendas, ni las amenazas surtían efecto en el muchacho. Cuanto más reprimido era, pues su padre tenía una "mano de hierro", con más fuerza reaccionaba. Con apenas 17 años era todo un experto en la lucha callejera, un pequeño camorrista. Se sacaba algún dinero haciendo de matón, se encargaba de intimidar a morosos para que devolvieran sus deudas a un mafioso local.

En cierta ocasión salió con Teruo y Nygiyen, dos amigos suyos, a reclamar una deuda a un anciano del vecindario llamado Tasei, un trabajador aparentemente rápido y sencillo. Llamaron a la puerta de la humilde morada, y un enclenque viejecito los recibió. Teruo le informó con rudeza que venían a cobrar las 165 piezas que debía. El anciano respondió tranquilamente que el préstamo había sido de 135 piezas, y que eso era lo que les iba a pagar. Teuro le agarró de la solapa de la camisa y le grito: "¡Viejo, son 165 pieza: las 135 prestadas más 30 piezas por los intereses!" Tasei respondió con extraña suavidad: "Disculpa muchacho, pero yo voy a devolver lo que me prestaron, es decir, 135 piezas. No voy a dar ni una pieza para mantener a usureros que viven de la miseria de los demás…."

Los tres matones se quedaron asombrados boquiabiertos por la osadía del anciano. Muchyo fue el primero en reaccionar, apremiando con imapciencia: "Este viejo chochea. Teruo dale un par de puñetazos para que entienda de que se trata…" Teruo levantó su manaza y…salió disparado hacia detrás. Tasei le había desequilibrado mediante una rápida luxación de muñeca. Nigiyen se abalanzó sobre el anciano, pero cuando llegó éste se había apartado y con una hábil zancadilla mandó al matón escaleras abajo. Entonces Muchyo lanzó un rápido puñetazo hacia su mentón, pero el golpe impactó en la pared mientras el muchacho recibía un fuerte rodillazo en los testículos que le hizo morder el suelo. Cuando Teruo, que se había incorporado, intento estrangular al anciano, recibió un potente puntapié en el muslo que le arrancó un alarido. Nigiyen y Teruo huyeron cojeando y escupiendo sangre, mientras Muchyo aún se retorcía en silencio a los pies del extraordinario viejecito. Antes de cerrar la puerta, Tasei dejó caer 130 piezas, miró al muchacho con cierta compasión y le dijo: "Si algo has de aprender de este encuentro es que, amigo mío, las apariencias engañan". Durante unos días Muchyo no fue a trabajar, pues se sentía tremendamente humillado. Estuvo dando vueltas al extraño encuentro que había vivido, y decidió que quería que Tasei le enseñara a luchar, aunque tuviera para ello que cambiar de vida. Los primeros contactos fueron fallidos, pero, tras meses de insistencia el testarudo muchacho logró que Tasei le invitara a tomar el té. Finalmente el anciano reconoció ser maestro de Ju-Jutsu y decidió ponerle a prueba.


El joven abandonó su existencia mafiosa y se dedicó en cuerpo y alma al estudio y práctica del Ju-Jutsu, con tal pasión que, tras unos pocos meses, el maestro Tasei decidió adoptarle como alumno. Un año después Tasei anunció a Muchyo que tenía que mudarse a otra ciudad por razones familiares, éste decidió acompañar a su maestro. Una mañana bajaron al mercadillo para vender algunas pertenencias de Tasei. Entre éstas destacaba una magnifica maquina de hilar demasiado pesada como para acompañarles en el viaje.

Un rudo y desaliñado personaje, llamado Chenjo, enseguida se interesó por la maquina. Hombre de pocas palabras, y de aspecto un tanto feroz debido a su larga cabellera y su poca cuidada barba, Chenjo meditaba largamente sobre la conveniencia de la adquisición, manipulando con sus manazas diferentes partes de la maquina hiladora. Cuando parecía que por fin se iba a decidir a comprarla, apareció de repente otro interesado; Miye, un aristocrático joven, esbelto e impecablemente vestido. Miye comenzó a alabar el valor y finura de la maquina, mientras miraba con evidente desprecio a Chenjo. "Amigos" –dijo Miye con una sonrisa, "es evidente que este pordiosero no les va a pagar. Yo en cambio, les daré 100 piezas más de las que pidan por esta magnífica maquina…" Mientras, Chenjo tartamudeaba que sí que iba a pagar, entre su pelo erizado su cara enrojecida, estaba montando en cólera por momentos. Tasei miró a Muchyo, indicándole que él tenía que decidir a cual de los dos iban a vendérsela. El muchacho dudo unos instantes, y dijo: "Es suya señor Chenjo." El aristócrata Miye, sorprendido se marcho airado, no sin antes dirigirles una mirada de profundo desprecio. Chenjo les pagó en metálico y les invitó a su humilde granja a tomar un té. Días después se enteraron que Miye había sido arrestado por estafa y hurtos.

Tasei sonrió y comenzó a decir: "¡Las apariencias…."

"… engañan!" respondió Muchyo riendo.

De igual manera en nuestra sociedad encontramos a individuos que cubren con "caretas" su accionar que lo más importante es engañar y sacar partido de los demás. Las personas no deben de ser juzgadas por su apariencia física, por su vestimenta, o por su posición social, hay una máxima que dice: "No se debe juzgar un libro por su cubierta, más bien hay que leerlo, para juzgarle" Lo mismo aplica para las personas y la máxima regla de oro dicta: "Trata a los demás como quieras ser tratado y haz a los demás lo que quieras que hagan contigo"



Las apariencias engañan, un aparente anciano indefenso como el de la narración, dio una lección de serenidad, de auto control y finalmente de JU-Jutsu, a tres gamberros, que por su juventud y constitución física subestimaron al anciano. Que no nos suceda lo mismo, más bien seamos ejemplo a seguir en conducta y disciplina que nuestra forma de vida sea testimonio de nuestra maduración espiritual, física y mental. Recuerden que el hombre Tao, el hombre Do, no busca dominar a los demás sino dominarse así mismo, porque quien se domina así mismo es invencible.

EL ERMITAÑO Y EL DIABLILLO





Este es el primer tema de filosofía marcial que se publica de varias entradas, sigan el blog y agradesco sus comentarios.


EL ERMITAÑO Y EL DIABLILLO
  
"En una remota y boscosa montaña del norte de china vivía hace muchos siglos un ermitaño ejemplar. Se llamaba Tsí Tsien y era un ex monje de Shaolin que había abandonado el monasterio debido al ambiente de corrupción y de relajación que en él se respiraba"

















En su nueva existencia ermitaña de retiro y contemplación el comportamiento de Tsí era ejemplar, absolutamente intachable: dedicaba la mayor parte del día a meditar y a purificar su cuerpo y mente. Vestía austeros ropajes, tan solo se alimentaba de vegetales cocidos y de frutas silvestres, leía escritos búdicos y en cuanto se presentaba la ocasión ayudaba a los campesinos de una aldea cercana que eran leñadores.

Tal era la integridad y santidad de Tsí que un pequeño diablillo que rondaba los alrededores jamás había logrado que el joven cometiera pecado alguno. Por lo que desesperado por no lograr hacer que el joven sucumbiera a las tentaciones, decidió ir a visitar a Buda para negociar una salida a su humillante situación, puesto que sus ardides eran muy efectivos con todos exceptuando a Tsí. Buda escuchó con atención las quejas del espíritu diabólico con una sonrisa. -. Oblígale a pecar una vez, una sola vez, ¡no creo que sea demasiado pedir¡
gritaba el diabólico espíritu con tono lastimero. El Buda meditó la peculiar demanda y respondió con serenidad:
"Tsí Tsien es un monje ejemplar y virtuoso donde los haya, tiene más que asegurado el nirvana(iluminación) El hecho de que cometa un pecado no va a cambiar esto, pues su trayectoria es luminosa como una estrella. Así que te concedo el favor que me pides: Tsí pecará una vez…" El diablillo, contento, regresó al bosque y se encaminó hacía la cueva del pío ermitaño para tentarle. Éste le estaba esperando pues mediante su meditación vespertina había recibido el mensaje de Buda. Después de ofrecer al espíritu una humeante taza de té le preguntó con cierto temor y recelo: "¿Qué pecado he de cometer?". El diablillo, entre risillas y bizqueo, respondió: "Para que no te quejes te dejo elegir libremente uno de los tres siguientes pecados: Emborracharte, deshonrar a la mujer de un vecino, o asesinar a un hombre." Horrorizado, el beato eligió con gran pena y resignación el menor de los tres pecados: emborracharse. Con un cloqueo de satisfacción el espíritu sacó de su manto una botella de aguardiente de bayas silvestres y comenzó a servirlo copiosamente al alicaído ermitaño, que entre suspiro y suspiro pegaba un largo trago al fortísimo brebaje. Los ojillos del eremita comenzaron a brillar de forma inusual a medida que el alcohol pasaba por su garganta; su nariz enrojecía, y el pulso comenzó a temblarle. Pronto se dibujó una amplia y etílica sonrisa en su endurecido rostro, y comenzó a recordar alegres y pícaras historias que había oído en su adolescencia. Ni corto ni perezoso empezó a contarlas en voz alta entre las risotadas del diablillo.

En aquel instante se asomo a la cueva una joven y hermosa mujer que era la esposa de un leñador vecino, traía al ermitaño un poco de leña. Tsí con las manos más ligeras que de costumbre, agradeció calurosamente a la joven su regalo. Primero con un beso en la mejilla, luego con un abrazo y, considerando sin duda esto insuficiente, llevándola a su lecho la desnudo en un abrir y cerrar de ojos, abusando de ella. El diablillo se retorcía de risa, de alegría, entre palmoteos y babeos, mientras el ebrio erimita yacía con la hermosa campesina. En esto apareció el marido que preocupado por su tardanza, había subido a buscarla. Tal fue su ira y consternación cuando vio a su mujer acostada con Tsí que agarró un palo para dar una soberna paliza a ambos. Pero el desatado ermitaño se defendió clavándole un cuchillo con tal acierto que el leñador murió en el acto. Habiendo elegido el "menor" de los pecados el desdichado eremita Tsí Tsien cometió los tres y perdió el nirvana.



El alcohol cambia tanto a las personas, que dicen y hacen cosas que en un estado normal de sobriedad nunca harían. Un hombre embriagado no controla sus actos ni sus palabras; una pequeña falta, un pecadillo, puede llegar a convertirse en el eslabón primario de una larga cadena de malas acciones. El diablillo lo sabía y con astucia había logrado engañar al ermitaño.


En nuestro entorno abundan los diablillos que nos quieren apartar del sendero del DO (Camino, Vía, forma de vida), muchas veces disfrazados de "amigos", que nos incitan a realizar actos no propios de un Artista Marcial, o de una persona realmente responsable de nuestros actos, como el emborracharse, drogarse, delinquir, abusar de los demás, etc. Recordemos que en la vida no existe la casualidad sino la causalidad, a toda acción una causa y un efecto. Seamos pues rectos en el proceder, prudentes en el hablar, y prestos a confortar, hagamos de la meditación un habito para mantener nuestra mente, nuestro pensamiento libre de negatividad. ¡Seamos positivos! ¡Tenemos que ser hombres Tao (Do)!